Ser adolescente durante una pandemia

En un primer momento, puede ser complicado para los progenitores entender el drama que supone para un adolescente verse privado de sus amistades o salidas, que dan respuesta a su necesidad de autorrealización y de pertenencia. Para ellos, las salidas suponen enfrentarse al mundo sin sus padres, y demostrarse a sí mismos que pueden hacerlo. A través de su grupo de amigos satisfacen su necesidad de pertenencia, que hasta ese momento, había sido principalmente la familia.

Buscan comprensión, empatía y no sentirse juzgados, aspectos más fáciles de encontrar en su grupo de iguales al vivir estos los mismos cambios físicos, emocionales y sociales. Además, hay que tener en cuenta que, en esta etapa vital, el adolescente se encuentra en la búsqueda de su identidad, teniendo que dar respuesta a muchos interrogantes, sumado a una inestabilidad emocional asociada a cambios en la estructura y funciones cerebrales.

A este sufrimiento asociado a esta etapa vital debemos añadir además la incertidumbre académica y laboral del futuro debido a la amenaza de la crisis económica, la falta de rutinas escolares, las restricciones de movilidad y la dificultad para ver a los amigos en tiempos de COVID.

Entendiendo la realidad del adolescente, ¿cómo lidiar con la transgresión de la norma en la adolescencia, y cuidar la nueva norma que cuide a una sociedad en pandemia? Sin duda, los padres se encuentran en la encrucijada de tener que manejar las necesidades emocionales de sus hijos y su seguridad física o protección, y cumplir con la responsabilidad familiar de no expandir el virus. ¿Cómo hacerlo?

Una propuesta es empatizar con ellos, devolviendoles una respuesta de comprensión y empatía hacia su situación, sin minimizar su malestar. Algunas respuestas de los padres como “a todos nos fastidia no poder salir, hay que hacerlo y punto”, pierden de vista la dimensión del malestar y frustración que supone para los adolescentes la restricción de las salidas, aunque por supuesto no dudamos de la buena fe de los progenitores al emitirlas.

Una estrategia puede ser empatizar con ellos primero. Por ejemplo, “entendemos que para ti es más duro que para nosotros cumplir con las restricciones” y explicarles la encrucijada en que se encuentran como padres: “para nosotros también es difícil encontrar el equilibrio para dar respuesta a nuestra responsabilidad como padres de encontrar tu protección y seguridad y satisfacer tu necesidad de salir y estar con tus amigos. Así que tenemos que encontrar entre todos este equilibrio para cuidarte y cuidarnos, ¿se te ocurre cómo hacerlo?”.

En nuestra experiencia como psicoterapeutas observamos que cuando los padres reflejan a sus hijos sus dificultades desde la humildad y plantean los problemas desde la negociación e implicación del adolescente, éste se involucra y responde de forma más proactiva en la resolución de los mismos.

En cualquier caso, no es fácil y no tenemos la respuesta sobre cómo manejar esta situación tan complicada para los adolescentes y sus familias. Reconocer a los adolescentes la dificultad añadida a su etapa vital de esta situación, sin minimizar su sufrimiento, puede ser un primer paso en la construcción de una relación de cooperación con ellos y en su implicación en la resolución de los problemas.

Finalmente, recordar que cada familia tiene la capacidad y los recursos para resolver sus conflictos. A través de un espacio de reflexión creemos firmemente que cada familia podrá encontrar respuestas sobre la realidad que están construyendo sus hijos adolescentes en tiempos de COVID, y el papel que las nuevas tecnologías ocupan respecto a la falta de interacción, de espacios de sociabilización y la restricción de las libertades universales.

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