Los adolescentes: los nuevos consumidores inteligentes.

No es necesario realizar extensos y profundos estudios para llegar a la conclusión que los niños y adolescentes son los mejores consumidores: no sólo gastan su dinero sino que también inducen a que se les compren los productos de su gusto o impuestos por la publicidad.

El consumo ha sido confundido con el consumismo, dos conceptos muy diferentes. El consumismo es el acto desenfrenado y desmesurado de comprar con el fin de llenar un vacío emocional y/o espiritual. Esto explica el malestar social que produce. Las reglas del consumo y la publicidad conocen y explotan las características evolutivas y de crecimiento de los más jóvenes de modo que sus mensajes puedan penetrar fácilmente en sus mentalidades y deseos:

– Cambian en los adolescentes y los niños la necesidad del ser, por la del tener.

– La identidad aún no está muy desarrollada y tienden a verse a través de los ojos de los demás. 

– La aceptación al grupo es entendida como capacidad de poseer. 

– El grupo se identifica con los objetos de moda. 

– Según los medios de comunicación, estar fuera o estar dentro del grupo social, depende de la obtención de los objetos.

Los adolescentes son consumidores selectivos e inteligentes y conocen bien la relación calidad/precio de aquello en lo que tienen algún interés, básicamente por dos motivos:

  • Tienen poco dinero y generalmente no tienen trabajo y lo obtienen de sus padres. 
  • Son muy buenos y hábiles recogiendo información sobre lo que les interesa. Tienen una gran capacidad de recepción de la información y conocen a la perfección sus áreas de interés: amigos, música… Con ciertos productos (como las ofertas en telefonía móvil, videoconsolas, aparatos de música, viajes…) son consumidores muy sofisticados, llegan rápido a la relación calidad/precio. En este caso, los adolescentes son consumidores poco fieles porque su razón principal de compra es el precio. 

Los gustos de los adolescentes son cambiantes porque su propia vida se encuentra en fase de cambio. Su relación con la marca resulta así también muy cambiante, no son clientes fieles, sus gustos se basan en moda, en seguir a sus grupos. Como padres debemos administrar su consumo, así como enseñarlos a administrar su dinero, donar ropa o cosas que no use, sacarle provecho a su conocimiento para que ante cualquier compra siempre compre un producto más barato y útil y no solo sea un impulso. Platiquemos con ellos y también pidamos sus consejos, que esto sea algo de provecho para él y para la familia en general. 

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