La amistad en la adolescencia.

Los adolescentes se sienten cómodos entre sus compañeros, quienes atraviesan los mismos cambios físicos y psicológicos que ellos. Es de mucha ayuda para ellos el tener amigos que están viviendo las mismas experiencias y que pueden disminuir las ansiedades de los momentos difíciles.

Cuando cuestionan las ideas o normas de nosotros los adultos, recurren a ellos para pedirles consejo, y cuando se plantean ideas o valores nuevos, pueden hablarles abiertamente sin temor a ser ridiculizados por los adultos o sentirse fuera de lugar.

El grupo de compañeros compañeros también es un lugar donde establecer relaciones cercanas, que
sirven como base para la intimidad en la edad adulta. Además, los amigos proveen diversión y emoción a los adolescentes con su compañía y recreación.

Los adolescentes tienden a escoger amigos con rasgos muy similares a los suyos, de manera que la influencia que ejerce el uno en el otro los hace más parecidos. En la adolescencia, esta similitud entre amigos es más importante que en cualquier otra época de la vida, tal vez porque los adolescentes luchan para diferenciarse de nosotros y les resulta necesario contar con el apoyo de personas que se parezcan a ellos. Por este motivo tienden también a imitar los comportamientos de sus compañeros y recibir su influencia.

Los amigos influyen en la forma de vestir, actividades sociales, comportamiento sexual y consumo o rechazo de drogas. Sin embargo, nosotros ejercemos una mayor influencia sobre temas más profundos, como qué hacer ante un dilema moral, qué educación buscar o qué empleo elegir.

Platicar con nuestros hijos sobre sus amistades nos acerca a ellos, así como también explicar las buenas y malas amistades.

UNA MALA AMISTAD

  • Te hace sentir incómoda con esa persona
  • No te sientes en confianza de expresar libremente tus opiniones
  • No te alienta
  • Se alegra por tus fracasos
  • No pregunta ¿Cómo estás?
  • No guarda tus secretos
  • Te juzga y hace sentir mal con sus comentario

UNA BUENA AMISTAD

  • Te apoya siempre en las buenas y en las malas
  • Te sientes libre de expresar tus opiniones y sentimientos
  • Nos acepta como somos
  • No te juzga
  • No sólo habla de sus problemas, también te escucha y pregunta ¿cómo estás?

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