El duelo en adolescentes: Cuando se muere el amigo de mi hijo.

Hoy en día una amistad íntima entre adolescentes implica que pasan horas chateando por WhatsApp, Facebook e Instagram, se etiquetan en todas las fotos porque comparten planes. En definitiva, muchos padres podrán opinar que parecen gemelos o clones. Así que resulta fácil imaginar lo que supone la pérdida de un amigo para un adolescente, a grandes rasgos:

-Pérdida de un confidente.

-Pérdida de un referente.

-Disminución de la comunicación con sus iguales: En muchas ocasiones su amigo era la principal comunicación, llegando a dedicar tanto tiempo que se produce el aislamiento social con otros iguales. Los adolescentes viven por y para sus amigos.

-Culpa por todo lo que no se le dijo, o por todo lo contrario. Ya sabemos que los adolescentes a veces tienen relaciones tortuosas, un día están bien y al otro mal, y lo mismo pasa con los amigos que un día son “lo mejor” y otro “lo peor”, así que ante una pérdida se pueden dar ambas situaciones: lo que ha quedado por decir o lo que se dijo y no se reparo.

-Sensación de injusticia. La sensación de que aún le quedaba mucho por vivir: los adolescentes, al igual que muchos adultos, perciben la muerte en términos de justa e injusta, pero la muerte es únicamente fin de vida.

-Vacío existencial. Ante estas pérdidas, los adolescentes piensan que una parte de su vida ya no tiene sentido.

-Pérdida de planes de futuro: es muy normal que los y las adolescentes hagan planes conjuntos de lo que van a estudiar, de vida, de viajes. Al sufrir esa pérdida, los planes se viven como irrealizables.

-Enfado: Igual que el adulto, se enfadan por la pérdida, por todo lo que ha quedado interrumpido y les afecta.

-Ambivalencia: Son relaciones de amistad, todo el mundo les indica que ya deberían superarlo y que no deberían estar tan tristes, pero la mayoría de las veces perdemos de vista que son relaciones dependientes, y que implican más cosas de lo que los adultos nos imaginamos.

-Incomprensión: El resto de sus iguales que no tenía esa relación tan íntima con el fallecido, recuperan la “normalidad” en su vida antes, una vida normalmente llena de exigencias académicas, sociales, familiares… y ellos se sienten muy incomprendidos, porque no pueden compartir con nadie cómo se sienten.

Es muy difícil ayudar a los adolescentes en este punto, pero sí hay algunas cosas que podemos hacer o evitar.

He aquí algunos ejemplos:

-Demostrarles que estamos para lo que necesiten, sin agobiarse.
-Intentar ponernos en su situación.
-Valorar la pérdida.
-Ayudarles desde el cariño a ver las actitudes que no les ayudan y a retomar la normalidad en su vida.
-Si su hijo entra en depresión es necesario buscar ayuda psicológica o psicoterapia de duelo. 

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