El consumo «moderado» de alcohol también afecta al cerebro de los adolescentes.

El cerebro de los adolescentes es un cerebro en crecimiento y cuando consumen alcohol se producen daños en zonas específicas. No hace falta que hablemos de un consumo regular para que aparezcan graves complicaciones permanentes en nuestro sistema nervioso central, una ingesta leve o algunas intoxicaciones es suficiente para hacerlo.

Una de las áreas que se ve más afectada es el hipocampo, una estructura fundamental para el aprendizaje y la memoria. Escáneres cerebrales realizados en jóvenes alcohólicos revelan que el hipocampo de estos es significativamente más pequeño que el de adolescentes que no beben alcohol.

El alcohol puede dañar otra estructura fundamental, los lóbulos prefrontales, el área se encarga de permitirnos programar acciones, empatizar, planificar, anticipar consecuencias de nuestros actos, controlar nuestros impulsos y mantener intactos nuestros circuitos atencionales. Todas estas funciones son necesarias para aprender, madurar y hacernos responsables y autónomos.

Lamentablemente los jóvenes incurren en una contradicción, ya que “beben para mejorar su estima y parecer mayores y sin darse cuenta se lo impiden al hacerlo”. Es importante como padres dar información a nuestros hijos, pero no es suficiente para cambiar conductas o actitudes, se hace necesario algo más.

Debemos hablarle a nuestros hijos con claridad de los efectos indeseables del alcohol y sus consecuencias, no ser modelo de consumo para ellos, entrenarlos en hábitos saludables, desarrollar junto a ellos un ocio sano y un interés por actividades que despierten su atención por hacerlas en grupo y separarse. Así mismo debemos educarlos con valores, mejorar sus habilidades de comunicación y relación social, mejorar su estima, dialogar con ellos, así como escucharlos.

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